5/3/10

Como a un queso


COMO A UN QUESO

Como ya todos saben no tuve la enorme suerte de tomarme vacaciones. Así que mi vida y mis anécdotas son completamente rutinarias. Sigo fielmente uno de los apotegmas del General: “De casa al trabajo y del trabajo a casa”. También hago los mandados. Me preparan los papelitos con las cosas que son necesarias y yo salgo con mis anteojos oscuros y hago de cuenta que estoy en Punta del Este o Pinamar o en Mar de las Pampas o en cualquier playa paradisíaca con muchas chicas, arena, chicas, sol, chicas, agua de mar y chicas voluminosas y hermosamente bellas e imposibles.

Les contaba que me preparan los papelitos para las compras; el verde es para la verdulería: estamos necesitados de ajo, albahaca, cebollitas de verdeo, perejil –para qué más comentarán socarronamente algunos de ustedes–, ají rojo y un par de plantitas de acelga; la lechuga pa`l canario está muy cara y los tomates nos lo regala el quintero de enfrente y son platenses, aunque a mi me gusta llamarlos citibelenses, son sabrosos y no como los larga vida que no tienen gusto a nada. La abuela dice que los llaman tomates larga vida porque están embalsamados. Como mi abuela, dice su nieto que soy yo. El papelito amarillo es para el sector fiambrería, lácteos y panadería; el listado dice: “Galletitas de trigo partido, galletitas dulces sin sal, queso descremado, tapas para empanadas sin grasa transgénica, yogurcito ser o no ser cero colesterol y cero grasa y mermelada de membrillo La Paysanné de la Popó Marola”. El papelito azul se queda pegado entre mi dedo índice y gordo ya que una presión en mi glúteo derecho me hace girar sorprendido y un poco atemorizado para encontrarme luego de varios pestañeos con el azul océano índico de los ojos de… ¡Margarita!

–¡Margarita!

–Cómo estáis libresco cuatroche Machu.

La adorable Margarita y su ácido humor humectante y delineador. Habla con el tono de la Dietrich en “El ángel azul” y me llama por el sobrenombre que ella me impuso no por mis propiedades varoniles sino porque cuando noviamos, lejos y hace tiempo, yo la amenazaba siempre con viajar al Machu Pichu para poder reencontrarnos con nuestros ancestros espirituales. Era todo un hippie en esos bellos años de la juventud.

–¡Margarita! ¡Qué hermosa que estás!

Para observarla mejor la tomo de las manos y doy medio paso hacia atrás inclinando –no demasiado por cierto, a ver si quedo duro– la espalda. Y la veo a Margarita en toda su plenitud. Somos de la misma edad pero ella parece mucho menor. Ahora tiene el pelo rubio, pechos turgentes, cola paradita, sonrisa de oreja a oreja, celular colgado cual Colt 45 a la cintura…, es lo más parecido que he visto en vivo y en directo a la Angelina Jolie, la mujer de mis sueños.

–¡Margarita! ¿Sos vos?

–Claro que soy yo, papanatas. Quién te creías. Sacáte esas ridículas gafas oscuras, ¿no te das cuenta que estás dentro del hiper y no es kühl? Ah, mi adorado gatito lamedor de sonetos de Speroni a la mostaza, siempre igual, flotando plácido en nubes de algodón, ¿nunca te contaron la fábula de la zorra y las aves de rapiña? Una buena pedorrea te hace falta a vos y tachin tachán. Aún así fuiste mi rebosador preferido y no por tus aptitudes (Margarita lo dice bajando sus glaciares ojos a mi bragueta) sino porque…. Y se calla la Margarita y sonríe la Margarita y vaya uno a saber qué chanchescos pensamientos pasan por su cabecita de alcornoque. Nunca des chanchos a las margaritas.

–Recién volví de José Ignacio, –dice Margarita–, aunque con Tato (Tato es el actual marido y el principal empresario inmobiliario de todo el partido de la zona y para decirlo criollamente está podrido en guita) y las mellizas (se refiere a un par de perritas diminutas de marca seguramente registrada pero que yo no registro y no tengo ganas en este momento de consultar un diccionario perruno) pasamos navidad en Villa La Angostura, fin de año en Las Leñas, los reyes mágicos en el cerro Champaquí y todo el verano recorriendo lo más chic de la costa. Este año nos pusimos la escarapela bicentenaria y vacacionamos argentino, che. Eso sí, con el Cleto cuidándonos las espaldas.

La miré para decirle que…

–Y no me vengas con esas perogrulladas que ya observo en tus ojitos de evangélico castrón. La otra orilla es tan argentina como el dulce de leche, el colectivo, las Islas Canarias y McDonald’s.

–Siempre igual vos, Margarita.

–Pero vos, Machu, siempre huyéndole a la felicidad. Se te ve tan mal. Estás, estás… como avejentado, ¿viste? Y no es sólo la edad. Nosotros no nos vamos a mentir (me mira con complicidad): al pan pan y al vino… Pángaro (se ríe la Margarita). ¿Ves? Eso ya demuestra nuestra edad. La publicidad, che. A vos te falta Ta-te-ti, Royal Ludovica Squirru y cama solar, Machu, un poco de roce societario, mucho country y regata. ¿A ver? (me toma de la mano derecha, eleva mi brazo y me hace girar como a un trompito). Empecemos por la cabeza (y se ríe la Margarita, que ya no es mi Margarita, ahora le dicen Μαργαρίτα). Un quincho no porque es demodé pero un implante mi viejo. ¿Para que tenés todas esas lanas que te caen como bucles a lo Shirley Temple? Te sacás pelo de acá y te lo ponés acá, en la sesera, ahí donde vos siempre decías que tenías las neuronas. Y hablando de neura, ¿te quedó alguna Machu? Jaja. Y ese cuerpo, mezcla rara de Tota Santillán y de Enrique Pinti. Ah no, ya sé, vos sos cult, el populacho televisivo no te va. Ma´sí, andá a los cardos. Tomá esta tarjetita es la de un gimnas…, no, no, pará, mejor ésta, es un Centro de Rehabilitación, te aseguro que en cuatro meses te dejan como Brad Pitt en Thelma & Louise. Jeje. Y esos pelos. No tarado, si en la cabeza no tenés. Pero vos siempre fuiste un tipo raro, eh. Todo al revés. En un país que consume a Gran Hermano vos lees a George Orwell. Todo el mundo escucha Ricky Martin y a la odalisca Shakira y vos seguís con los Picles (se ríe la Margarita). ¿No serás comilón, no? Jaja. Los pelos, bolú. Vos tenés pelos por todos lados menos donde debés tener. Depilación absoluta y per sempre.

–¿Qué?

–Depilación total y definitiva, Machu. Te depilan todo el cuerpo: las axilas, las orejas, el pecho, los brazos, las manos simiescas que tenés, el traste, la lengua, todo, todo, y quedás como Facundo Arandela. Acá (y me pasa otra tarjetita), en esta Diätetisches geheimes der Männer, te preparan unos aceites corporales que vas a estar para lamerte. Es una combinación de gingko biloba, raíces de plátanos del trópico, esencia de caracú y bosta de orlando gatti argentino circa mundial 78 y mesa de enlace mechado con trocitos galvanizados de hormigas coloradas y bigotitos triturado de Topo Gigio. Un poco saladito eso si, pero lo que cuesta vale. Vas a quedar pipí-cucú.

–¿Y seré feliz, Margarita?

–Ah, no lo sé. Pero seguro que te parto como a un queso.


Publicado en la sección Cultura / Diario “El Tiempo” de Azul, 28 de marzo de 2008

Foto: La Margarita

.
_

No hay comentarios: